Premios y motivación ayudan al aprendizaje

Gran entrada sobre los premios y la motivación y como influyen en el aprendizaje. Esta entrada ha sido extraida de la web facemamá.com y es por el interés que la reproducimos.

Cuando se trata de entusiasmar a los niños para que estudien y aprendan, son varias las estrategias que se vienen a la mente de profesores y padres. La más común y obvia es prometer un premio o recompensa, que estimule a los escolares a tomar libros y cuadernos,leerlos y hacer propia la materia de estudio.

Sin embargo, hay neurocientíficos que miran con recelo esa herramienta. “Hay un estudio ya clásico, hecho en Estados Unidos, que aprovechó el gusto por dibujar y pintar para ver la influencia de los premios en el desempeño de una tarea”, comenta el doctor Sergio Mora, jefe del laboratorio de Farmacología del Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

En la investigación repartieron a los niños en tres grupos. A unos, les dijeron que al finalizar el trabajo les darían un premio. A otros le entregaron una gratificación al final, no anunciada, y los demás no recibieron recompensa.

Al terminar, midieron los desempeños de cada grupo, según cantidad de colores y lápices usados, entre otros aspectos. Una semana después, invitaron a los mismos niños a repetir el trabajo y vieron que los que esperaban la recompensa tuvieron un rendimiento menor a la vez anterior, mientras que los que no esperaban una recompensa lo siguieron haciendo bien.

Luego, afirma el doctor Mora, “comprobaron que las recompensas externas pueden perjudicar las motivaciones internas, porque se desvía la razón para hacer bien el trabajo”. ¿Por qué? “Distorsionan el sistema porque la gratificación o las notas hacen que el cerebro del estudiante ubique como que lo principal es la obtención de ese premio y no el cumplir la tarea por la que está siendo gratificado”.

Lo esperable es poder transformar esa motivación externa en interna. “Y para eso es necesario que el profesor sepa manejar los deseos de los niños, que son bien específicos: pasarlo bien, pertenecer a un grupo, interactuar y darse cuenta de que es capaz de hacer las cosas, de resolver problemas. Los tres son suficientes para despertar la motivación interna”.

Para despertar ese impulso en sus alumnos, el profesor tiene que conocerlos. Algo posible en un curso de 20 niños, pero que se torna complejo en uno de 40. “La clave está en cómo haces las clases, si eres un profesor instalado en un paradigma más tradicional tendrás menos oportunidades de conocer a tus alumnos”, dice Marcela Guajardo, directora de Educación General Básica de la Facultad de Educación de la Universidad Andrés Bello.

En cambio, agrega, si ese docente se posiciona como un guía o mediador “desde el diálogo, tendrá más oportunidades de conocer a sus estudiantes. Pero eso implica cambiar el paradigma actual”.

En ese sentido, sacar el condicionamiento de la nota también es importante: “La motivación debe estar en el aprender, no en la calificación, que sólo es una consecuencia. Y eso se logra cuando pones a los niños en un rol activo”, dice la académica.

Enfoque integrado

Malva Villalón, psicóloga educacional y académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, dice que más que oponer motivación y recompensas externas como dos enfoques excluyentes, que lo son en su origen, “resulta más efectivo abordarlas en un enfoque integrado en el que se promuevan ambas: el valor de la actividad de aprender y la recompensa asociada a alcanzar un rendimiento alto”. Las ganas personales son las que finalmente cargan de valor las recompensas que las satisfacen.

Sin embargo, agrega la académica, no se puede fundamentar el aprendizaje permanente sólo en las ganas. “La motivación extrínseca las mantiene vigentes a través de un sistema de premios y castigos, lo que también contribuye a mejores aprendizajes: los especialistas llaman a hacer de las recompensas un sistema intrínseco”.

Eso significa hacer explícito lo que hay detrás de una nota máxima: el valor de haber aprendido y saber.

Actividades atractivas

La psicóloga educacional Malva Villalón cita al doctor en psicología cognitiva Daniel Willingham, para explicar por qué es tan difícil lograr que los niños disfruten su estancia en las escuelas.

Willingham sostiene que el cerebro humano no está diseñado para pensar. Y sólo lo hará si se dan las condiciones adecuadas, explica.
Idealmente, sostiene el autor del best seller “¿Por que a los niños no les gusta ir a la escuela?”, hay que desafiar a los niños a un nivel que los mantenga intrigados, de manera que se sientan contentos mientras buscan la solución de un problema.

Marcela Guajardo, académica de la Universidad Andrés Bello, coincide con esa idea: “Hay que enfrentar a los alumnos a actividades desafiantes, atractivas, progresivas y contextualizadas en la realidad. O sea, que los haga sentir que lo que están aprendiendo es importante porque les servirá en la vida diaria”, concluye.

Cambiar el paradigma con el que se enseña a los alumnos ayuda a acercarse a ellos, conocer sus intereses y saber qué es lo que los entusiasma y motiva. También proponerles desafíos que ellos se sientan capaces de resolver.

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Publicado el noviembre 9, 2012 en Educación y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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